martes, 23 de agosto de 2011

Proyecto de ecoturismo en Pacaya Samiria recibió certificación internacional

El proyecto “Yarina: modelo de ecoturismo sostenible y certificado”, promovido por el Fondo de las Américas (Fondam) en el corazón de la reserva nacional Pacaya Samiria (Loreto), obtuvo la certificación en turismo sostenible y se convirtió en el primer de su tipo en Perú en recibir tal distinción.
La iniciativa abarcó la construcción y manejo del albergue Ivy Mara Ey, la constitución de la compañía de servicios turísticos Ecotur Yarina y el desarrollo de la cadena de valor para la atención de los servicios turísticos. En ella participa gran parte de los pobladores de la comunidad, situada en la cuenca de los ríos Yanayacu y Pucate.
El citado proyecto contó con financiamiento del Fondam y fue ejecutado por la asociación civil Green Life, la cual desarrolló exitosos proyectos de desarrollo sostenible en la zona de amortiguamiento de la reserva Pacaya Samiria.
BUEN INCENTIVO
La obtención de esta primera distinción para un proyecto de turismo rural comunitario es un valioso incentivo para la comercialización de los mismos y representa un aliciente para las decenas de emprendimientos similares que se desarrollan en todo el Perú.
“Yarina: modelo de ecoturismo sostenible y certificado” nació en el 2009 como una forma de aplicar buenas prácticas de turismo en áreas rurales en las que, por lo general, existe poca capacidad de gestión, lo cual redunda en la disminución de los estándares de calidad de los servicios y del nivel de satisfacción de los usuarios.
Durante la ejecución se realizaron estudios de impacto ambiental y se aplicaron estándares de calidad rigurosos, así como planes de negocios y de monitoreo que permitieron administrar el albergue de forma sostenible.
Además, se establecieron alianzas con instituciones especializadas en turismo rural, comercio justo y conservación de la naturaleza como Candes, Perú Responsable, Trentino School of Management y Viaggi Solidadi, estas dos últimas de Italia.
En paralelo, se construyó la infraestructura necesaria para recibir turistas y se trazaron trochas y senderos interpretativos que ayudarán a los visitantes a compenetrarse con el entorno y descubrir los principales atractivos de la reserva Pacaya Samiria.
LA TIERRA SIN MAL
Hoy, el albergue Ivy Mara Ey (la tierra sin mal) es un ejemplo de manejo y un exitoso programa de turismo rural. Yarina es la única comunidad ubicada dentro de la reserva nacional Pacaya Samiria, lo cual permite un acercamiento inusual a una de las áreas naturales protegidas más grandes del país y una de las regiones más hermosas y biodiversas del planeta: los bosques inundables de la llanura amazónica.
Con más de dos millones de hectáreas, Pacaya Samiria constituye una verdadera joya ecológica del país y su territorio –surcado por decenas de ríos y quebradas– está ubicado en una de las más grandes depresiones del planeta, comparable a la del delta del Okavango, en África.
La reserva es el hogar del caimán negro, de paiches que miden más de dos metros, de enormes bandadas de cushuris o cormoranes, gráciles garzas blancas y de los sorprendentes delfines rosados.

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La selva en vitrina: un crucero de lujo por el Amazonas

Quizá la mejor manera de conocer la selva sea a bordo de una embarcación y qué mejor si esta es de cinco estrellas. Seguir por los meandros del río más caudaloso del planeta sobre un elegante barco que navega por la reserva de vida más grande de nuestro país, Pacaya Samiria, es una de las mejores experiencias que hay que vivir (para los que pueden darse el lujo) aunque sea una vez en la vida. No es fácil cumplir el sueño de los huéspedes más exquisitos que requieren disfrutar de este exótico y remoto paisaje de selva sin calor, sin mosquitos, con aire acondicionado y con todas las comodidades de un cinco estrellas. Con estas embarcaciones el sueño se cumplió.
NAVEGANDO EN UN HOTEL 5 ESTRELLAS
Hace tres años el italiano Francesco Galli Zugaro creó la empresa Aqua Expeditions, con el sueño de tener elegantes y lujosas embarcaciones que permitieran surcar el Amazonas. Así inauguró en el 2008 el primer crucero llamado Aqua en un antiguo barco inglés remodelado con 12 elegantes suites. Además, desde abril, comenzó a funcionar Aria, un nuevo barco más grande construido en el astillero de la Marina Peruana, que tiene capacidad para 32 pasajeros en 16 suites, esta vez con algunas incorporaciones como un jacuzzi en la terraza y un gimnasio. Cada parte del crucero tiene vistas panorámicas al paisaje, no solo la cubierta y las terrazas sino también todas las habitaciones e incluso, el comedor y la sala.
El diseño interior de las embarcaciones estuvo a cargo del reconocido arquitecto Jordi Puig y la gastronomía está en manos del chef Pedro Miguel Schiaffino, quien nos acompañó en este viaje, donde todos los sentidos estuvieron más que satisfechos.
Todos los días nos esperaba una sorpresa, desde un detalle en nuestra habitación, hasta un nuevo paisaje para conocer o un nuevo sabor por descubrir. Cada mañana, desde muy temprano, los guías naturalistas nos llevaban a bordo de unos botes a motor con todo lo necesario para explorar la selva con todas las comodidades y con todo resuelto. Lo único de lo que tenemos que preocuparnos en este viaje es de estar a tiempo para no perdernos nada.
EL LLAMADO DE LA SELVA
Cada excursión es una experiencia distinta; nunca sabes con qué te encontrarás esta vez: si con un martín pescador posado sobre una rama dispuesto a ser fotografiado sin incomodarse; con un gavilán negro a punto de atrapar a su próxima presa o con una bandada de coloridos guacamayos que vuelan entre las copas de los árboles.
Julio, el guía naturalista que nos acompaña cada mañana, nos promete que no nos defraudará y que no regresaremos a la gran nave sin antes mostrarnos a un oso perezoso. No pasaron ni 10 minutos de iniciada la travesía y nos sorprende no solo con un oso, sino con hermosas aves, traviesos monos y hasta pequeños murciélagos que sus entrenados ojos encuentran a cada paso. Y es que él nació y vivió en la selva. Nos recuerda además, que no todas las selvas son las mismas. La Reserva Nacional Pacaya Samiria, la segunda más extensa de Sudamérica, pertenece a un tipo de bosque tropical inundable y es básicamente lo que se conoce como selva baja, a diferencia, por ejemplo, de Tambopata y el Manu, donde la selva alta está rodeada por cerros verdes. Estas diferencias influyen también en el tipo de animales que veremos. Los delfines rosados, fieles compañeros de todas nuestras excursiones, son propios de este particular hábitat.
EL TERRITORIO DE LAS AVES
Es temporada seca y las aves migratorias que llegan desde el Golfo de México y desde otros lejanos rincones toman las playas que se forman en las orillas de los ríos para regalarnos un espectáculo de colores y movimiento. Las garzas blancas y los patos cormoranes se mezclan y sobrevuelan tranquilamente al ras de las aguas en busca de peces sin que nuestra presencia los inquiete.
Este viaje te permite admirar el gran espectáculo de la naturaleza desde otra perspectiva. La selva va pasando frente a tus ojos y te conviertes en un gran observador. Cada detalle es importante. A medida que pasan los días, la vista se agudiza y la mirada comienza a afinarse y se percata rápidamente de colores y texturas que hace unos días no diferenciábamos. El protagonismo lo tiene ahora este hábitat que alberga en cada metro cuadrado una incalculable diversidad de vida.
POR LOS SENDEROS DEL BOSQUE TROPICAL
Un camino en tierra firme nos invita a dejar el bote y adentrarnos en el bosque donde nos espera otro mundo, otros animales y otros insectos. Ahora los árboles nos muestran de cerca a sus huéspedes, un milpiés se ve diminuto mientras se pasea entre los troncos de un inmenso árbol lupuna y las hormigas cortadoras de hojas siguen con su oficio.
Un termitero descansa en una de sus ramas y Víctor, nuestro guía de la tarde, se frota las manos llenas de termitas y nos cuenta que este es un repelente natural que tiene olor a menta. A unos pasos aparece un wikungo, que es el árbol que utilizan los pobladores para curar la fiebre amarilla. Este y los miles de conocimientos ancestrales que guarda la selva no dejan de maravillarnos y de regalarnos un viaje a otro mundo, que aunque parezca lejano es lo más cercano que tenemos a la vida natural. Los pobladores nos enseñan que es fácil vivir en la selva porque aquí lo tienen todo, hasta un farmacia natural donde consultar sus males.
NATURALEZA OCULTA
Por la noche, la selva devela singulares especies que son las dueñas de este territorio una vez que se oculta el sol: Caimanes, lechuzas, murciélagos y ranas son algunos de los seres que encontraremos con la linterna en las excursiones nocturnas.
CHEF A BORDO
La gastronomía durante la travesía es un viaje en sí. Tuvimos la suerte esta vez de que nos acompañara el chef Pedro Miguel Schiaffino, quien realizó la exclusiva carta que nos regala una sorpresa cada día. Es cocina peruana fusionada con un toque de influencia europea, ya sea servida a bordo del elegante comedor rodeado del paisaje de la selva o en medio del río durante las excursiones.
Los insumos de la selva son reinventados y presentados en su versión gourmet durante el almuerzo tipo buffet y en las cenas degustación, donde exploramos la selva desde otro sentido.
Varios platos fueron creados exclusivamente para este crucero y constantemente se reinterpretan con los descubrimientos que realiza Schiaffino durante las excursiones al bosque y a los mercados de Iquitos y Nauta. Unos langostinos jumbo con pepián de choclo y coco acompañado de una ensalada de mango y un enchilado de pato con majado de yuca nos espera en la mesa luego de un largo día. Un lujo en medio de la selva.
TEMPORADAS EN EL PARAÍSO
El río Amazonas tiene dos temporadas: una lluviosa (de diciembre a mayo) y otra seca (de junio a noviembre). A diferencia de lo que generalmente se piensa en la selva llueve indistintamente todo el año y ninguna época es estrictamente seca y además, cada una ofrece experiencias distintas y siempre podrá observar flora y fauna. Por ejemplo, durante la estación de lluvias el nivel de los cursos de las aguas amazónicas sube hasta siete metros y los ríos, quebradas y lagunas se vuelven navegables. Por lo tanto, la gran mayoría de ríos tienen acceso a áreas con mayor cantidad de flora y fauna silvestres.
El bosque inundado coloca a los viajeros mucho más cerca de las copas de los árboles, donde los monos y las aves pasan el día. La desventaja es que hay mayor cantidad de mosquitos y no es la época ideal para pescar.
En cambio, en la época seca las trochas y senderos que permanecen inundados de diciembre a mayo son accesibles y permiten a los grupos de viajeros explorar a pie las profundidades de la selva en compañía de menos mosquitos.
Durante estos meses la pesca está asegurada y tendrá la oportunidad de observar varias especies de aves.

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